Los dibujos españoles de Edward Hopper

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Edward Hopper pintó cien cuadros a lo largo de su vida como pintor, pero tuvo que dedicarse al diseño publicitario y a la ilustración para poder sobrevivir. En una ocasión Hopper dijo: La Ilustración en realidad no me interesa pero me vi obligado a ella en un esfuerzo por hacer algo de dinero. Eso es todo. Traté con fuerza en tener algún interés en ella. Pero no era muy real. En 1935 Hopper afirmó que había sido un mal dibujante, porque no estaba interesado en los temas de moda: Siempre estuve interesado en la arquitectura, pero los editores solo querían dibujos de gente agitando sus brazos con muchas muecas y posturas. Yo lo que quería hacer era pintar la luz del sol en el muro de una casa.

Es cierto pues, que a Hopper no le gustaba ilustrar, pero afortunadamente, si son 100 los cuadros que pintó, son miles los dibujos y diseños que hizo, y que hoy están injustamente olvidados por la gran masa de admiradores de este genial y popular pintor norteamericano. Hoy la mayor parte de los originales de las ilustraciones de Hopper han desaparecido o fueron probablemente destruidas. Existen algunos ejemplos sólo en reproducciones publicadas. Algunas de estas publicaciones son tan raras que en ocasiones tan solo queda una copia. El maltrato por parte de los editores del archivo de dibujos es algo que continua en nuestros días, este trabajo sigue en cierta forma considerándose un arte menor, casi una artesanía. (Allá ellos). Dedicaré en otro momento un post a la fantástica producción comercial de Edward Hopper, pues aunque hoy está casi perdida, afortunadamente La señora Hopper (Josephine Verstille Nivison, conocido como Jo) tuvo la precaución de llevar un exhaustivo inventario en cuadernos, de todos los encargos y sus precios, una especie de contabilidad casera que hoy está en manos del Whitney Museum of American Art, con los que poco a poco están reconstruyendo el ingente legado de Hopper como ilustrador. Es en estas colecciones de dibujos donde aparecen algunos de temática española.

EL VIAJE A ESPAÑA Hopper viaja en su juventud varias veces a Europa, con residencia en París, viaja a distintos países siempre con la idea de ver grandes museos. Su último viaje a Europa fue en mayo de 1910, después ya no saldría más de los Estados Unidos.

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Acuarela para posible ilustración del libro de Victor Hugo “Un viaje por los Alpes y los Pirineos”. Colección particular de Anne E. Bach.

Desde París realiza un viaje de un par de semanas a España con la intención de visitar el Prado. El 26 de mayo viaja en tren hasta Madrid, un lento viaje de 28 horas con algunas escalas, entre ellas en la frontera. Allí debió tomar la inspiración para este dibujo de dos vascos, posiblemente ganaderos, en las montañas del Pirineos. El dibujo, como todos los demás, no son dibujos realizados in situ, están realizados años después, cuando Hopper se interesa y aprende la técnica del aguafuerte. Como buen ilustrador que es, le guste o no a él, Hopper trabaja con la memoria, recordando detalles y escenas que quedaron grabadas en su memoria de forma intensa y especial.
En Madrid y después de visitar el Museo del Prado, asiste a una corrida de toros que produce un gran impacto en él y es el motivo por el cual ejecuta también años más tarde, el aguafuerte del picador y el caballo que encabeza este artículo. No le gustó nada (o casi) el espectáculo que vio, a tenor de lo que escribió a su hermana en una carta fechada el 9 de junio de ese mismo año:

“Lo encontré mucho peor de lo que había pensado. La muerte de los caballos por el toro es horrible, acentuada por el hecho de que no tienen escapatoria y los hacen avanzar hacia el toro para que los mate. No es lo que llamaría un deporte emocionante, sino simplemente brutal y horrible, repugnante.”

Sin embargo en la misma carta y unas lineas más allá:

“La entrada del toro en la plaza, sin embargo, es de una gran belleza, y los primeros ataques que realiza son muy bonitos”

 

Retrato de Inocencio X

Retrato de Inocencio X

En Madrid Hopper descubre la pintura de Velázquez, de Goya, del Greco (que le lleva también a Toledo en esos días). Especialmente Goya y sus grabados, marcarían muy profundamente el estilo de dibujos de Hopper sobre todo en la época en la que se interesa por los aguafuertes. El famoso retrato de Velázquez del Papa Inocencio X, aparece en un pequeño dibujo que hoy rueda por las casas de subastas en espera de compradores. Este retrato de Velázquez está considerado como el mejor retrato de la historia de la Pintura, y ha despertado siempre interés entre grandes artista. Quizás el más popular y conocido sea el de Francis Bacon. No se si habrá otros dibujos de Hopper de temática española, es posible que así sea, pues ya ves que estos pequeños dibujos andan algunos por los fondos de las casas de subastas. Si tú, amable y curioso lector, conoces de la existencia de alguno, agradeceré que me lo indiques con el fin de completar este diletante e impreciso inventario.

Edward Hopper y Don Quijote

Casi un capítulo aparte merece el trabajo que Hopper dedica al caballero de la triste figura. Son vario los dibujos conocidos que Hopper dedica a Don Quijote. Desde un temprano dibujo a lápiz de la cabeza de Alonso de Quijano fechada en 1899, y que hoy está a la venta en una conocida casa de subastas, hasta la portada de un libro dedicado al hidalgo caballero.