Pasada
la Venta de las Canteras, la carretera faldea una zona desnuda,
montañosa.
Las ondulaciones de Sierra Alhamilla se pierden en el horizonte,
lo mismo que en un mar. Una liebre cruza velozmente el camino
y desaparece entre los zarzales,como engalgada.Es un magnífico
lugar para el ojeo y, suspendida sobre el barranco, veo una paranza
de cazador engastada en la roca.
Llegando al cruce de Rodalquilar -allí donde la víspera
pasé en camión con el Sanlúcar,
el paisaje se africaniza un tanto:cantizales, ramblas ocres y,
a intervalos, como una violenta pincelada de color, la explosión
amarilla de un campo de vinagreras. Después de hora y media
de camino empiezo a sentir la fatiga. Por la carretera no se ve
un alma.Sopla el viento y de los eriales surge como un canto de
trilla, pero es seguramente una ilusión,pues cuando aguzo
el oído y me detengo, dejo de escucharlo.
La carretera de Gata parte de las cercanías de El Alquián
y corto a campo traviesa. Se presiente el mar hacia el sur, tras
los arenales. El suelo está lleno de trochas que se borran
lo mismo que falsas pistas. Sigo una, la abandono,retrocedo. Finalmente
descubro un camino de herradura y voy a parar a una rambla seca,
sembrada de guijarros. Cuando llego, una banda de cuervos se eleva
dando graznidos. Hay un cadáver descompuesto en el talud
y el aire hiede de modo insoportable. Intento ir de prisa, pero
laspiedras me lo impiden. El cauce de la rambla está aprisionado.
Entre dos muros. No se ve un solo arbusto, ni un nopal, ni una
pita. Nada más que el cielo, obstinadamente azul, y el
lujurioso sol que embiste, como un toro salvaje.
Al cabo de un centenar de metros, subo por el talud. Arriba, la
vista se extiende libremente sobre el llano y parece que se respira
mejor. El suelo es todavía pedregoso y sorprendo varias
culebras. Me duelen los pies, y, mientras ando, acecho el lejano
mar de Gata .
Juan Goytisolo
Campos de Níjar Ed.Seix Barral,1973,p.43-44 |