Rutas por el Cabo de Gata Exposiciones
/
Panorámicas de Andalucía
Los
tristes trópicos de
El Parque Natural de Cabo de Gata
¡Al
salir de tu casa
para la iglesia
acuérdate que sales
como una estrella!
Bodas de sangre. Federico García Lorca.
A modo de presentación.
El
abandono, el aislamiento, la mina, el sueño del oro, el esparto
y la sequía, las chumberas y la pobreza secular de este rincón
de la provincia de Almería han conformado lo que hoy conocemos
como el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Si todavía
podemos verlo semivirgen y salvaje, sin la huella pesada del turismo
masificado, se debe precisa y paradójicamente, a su pobre
condición, a su falta de infraestructuras, a sus pocas vías
de comunicación. Nosotr@s, visitantes afortunados, podremos
beneficiarnos de ese estado de inocencia natural un poco buñuelesca
y del trabajo callado y soterrado de sus poco más de 4000
habitantes a los que se han unido recientemente los inmigrantes
supervivientes de las pateras y de las mafias de ambos lados del
Estrecho que hoy viven bajo el plástico de los invernaderos
y los cartones de sus chabolos.
Disfrutemos pues, de la visita con respeto al Parque y sus normas,
a sus gentes y sus modos de vida. Que se nos llenen los ojos de
luz y los oídos de su música callada y su silencio.
Y el cuerpo entero con la alegría del Sur.
Un poco de todo para situarnos.
El Parque Natural marítimo-terrestre de Cabo de Gata-Níjar
se creó oficialmente mediante decreto de la Junta de Andalucía
en diciembre de 1987 y comprende 38000 Ha terrestres y 12000 marinas.
Alcanza su altitud máxima en el Cerro de los Frailes con
493 m y su profundidad marítima máxima es de 60 m.
Es un territorio de origen volcánico, -de hecho el complejo
volcánico más importante de la península-,
posteriormente modelado por sucesivas invasiones y retiradas del
Mediterráneo. Su clima es particularmente seco con al menos
dos meses de sequía a lo largo del año. Sus precipitaciones
llegan a los 113 mm anuales siendo la tasa más baja de toda
Europa. El clima se considera desértico por debajo de los
200 mm y Bagdag, por ejemplo, registra un pluviosidad de 156 mm.
No llega a llover treinta días al año y el sol brilla
como media unas tres mil horas anuales, es decir, más de
250 días. La media anual de temperaturas nos dice que las
bajas registran 15.4º C no bajando casi nunca por debajo de los
8º C, mientras que las máximas alcanzan los 23º C y pueden
superar los 32ª C. Y todo esto con una humedad relativa del aire
del 74%. El mar de Alborán y sus corrientes se encarga de
que la temperatura media del agua ronde los 18º C, la más
cálida de todas las costas peninsulares. La mejor época
para disfrutar el Parque se encuentra entre los meses de septiembre
a mayo.
Ptolomeo cita la existencia de estas tierras
haciendo alusión al promontorium Charidemi o cabo de Charidemo
y algunos aluden a una fusión de palabras semíticas
que significan promontorio de las Cornalinas o Ágatas,
acabando la denominación por contracción en Cabo de
Gata.
Se
tienen conocimientos de que el ser humano apareció por estos
lares hace unos 10.000 años, en el mesolítico, para
más tarde comenzar un periodo de mestizaje que uniría
las culturas de los Millares con la del Argar, los fenicios (800
a.C) con los romanos (210 a.C), y los bárbaros con los árabes
(siglo VIII) que establecieron diversas fortificaciones para defenderse
de los normandos llamando al Cabo, Qabit Beni Aswad. Finalmente
llegó una fuerza multinacional cristiana formada por genoveses,
pisanos, castellanos, franceses y catalanes que fondeó en
la playa de los Genoveses y desató una sangrienta ofensiva,
nos tememos que de carácter humanitario, que
acabó para siempre con el esplendor de la ciudad de Almería.
Y a partir de ahí, estas tierras quedaron en el olvido, siendo
escenario de las correrías de moriscos y piratas primero,
para posteriormente sufrir una cierta revitalización en el
siglo XIX debido a la explotación minera de sus metales y
volver a caer en el abandono y la pobreza a principios del siglo
XX.
A pesar de lo árido del paisaje, el ecosistema al que ha
dado lugar es de enorme riqueza por albergar numerosas especies
animales y vegetales endémicas, es decir, que solo existen
allí; la más famosa (logotipo del parque) es el palmito,
única palmera autóctona del continente, además
tenemos el lentisco, el azufaifo, el artos, la aulaga, el chumberillo...,
que compiten con los enormes tomillares y espartales, con las pitas
y las chumberas introducidas para propiciar la cría de las
cochinillas. Entre los animales destacan los reptiles: el lagarto
verde ocelado y la lagartija colirroja. Otros son ya viejos conocidos,
conejos, topos y erizos. Pero los verdaderos protagonistas de la
fauna del Parque son las aves, destacandolos búhos, mirlos,
gorriones y abubillas en el interior; gaviotas, flamencos y garzas
en la costa, especialmente abundantes en las salinas y en la época
de migraciones (primavera y otoño).
El biotopo marino es de primera magnitud con más de
mil especies de flora y fauna por lo que está protegido una
milla mar adentro y se han establecido seis reservas submarinas
específicas
En el capítulo de gastronomía de la zona tenemos
que hacer referencia a los gurullos, pasta artesanal de trigo duro,
agua y sal, herencia árabe, el caldo quemao, sopa de pescado
compuesta de pimentón, raya, boquerones o jureles, el ajillo,
salsa originaria de Níjar que consta de ajos machacados,
pimiento molido, pan rallado, almendras, aceite, vinagre y sal y
finalmente al trigo, una especie de cocido de garbanzos y ese cereal.
Los vinos de la zona, de la cercana Lucainena, son de baja graduación,
algo ásperos y afrutados.
La artesanía destaca por su alfarería, de origen
árabe y la confección de jarapas, mantas de tiras
de trapos.
Una ruta en vehículo por
el interior:
yesos, minas y
el salvaje oeste.
Partiendo
de nuestra base de Agua Amarga salimos hasta la autovía (N-340)
tomando dirección Murcia-Madrid para a los pocos kilómetros
desviarnos en la indicación de Sorbas-Paraje Natural de Karst
en Yesos. Antes de llegar a Sorbas encontramos un impresionante
paisaje de cárcavas o grandes hoyos, formadas por acumulación
de cristales de yesos y labradas por las ramblas intermitentes y
en ocasiones verdaderamente furiosas. Merece la pena visitar una
gran cueva que permite ver la compleja trama de cristales desde
dentro, la mayor de Europa de estas características,
y que está poco antes de llegar al pueblo. Una vez en Sorbas,
podemos recorrer la parte antigua, un poco destartalada y ahora
en proceso de restauración, asomarnos a los miradores que
dominan el valle regado por multitud de acequias y ñoras
de origen árabe todavía en funcionamiento, y bajar
caminando al barrio alfarero donde podremos ver a numerosos artesanos
trabajando en los tornos tradicionales.
Para los que tengan niñ@s o conserven todavía algo
de su espíritu no estaría de más acercarse
a Tabernas, a unos 30 km por la carretera N-340 A, y visitar algunos
de los antiguos pueblos del Oeste que sirvieron de decorado natural,
por el paisaje y artificial de forillos y decorados, para los spaghetti
western que se rodaron por esas tierras. Podremos volver a soñar
con los peliculeros y la llegada, esta vez real, de Mister Marshall.
Regresamos y seguimos el recorrido por una carretera encajada entre
dos impresionantes sierras, la de los Filabres, prolongación
de Sierra Nevada, con el pico de Calar Alto (2200 m) en el que podemos
ver las cúpulas de observatorio astronómico, y la
de Alhamilla, muy agreste, de rocas ferrosas con el característico
color del óxido y que fue una zona plagada de pequeñas
minas que extraían toneladas de mineral que se cocía
en ocho grandes hornos, cuyos restos podremos contemplar como reliquia
silenciosa de tan bulliciosa época, en el pueblo de Lucainena
de las Torres, antes importante centro minero y hoy apenas una sombra
de lo que fue, aunque una sombra muy bien conservada y en la que
podremos degustar algunos platos típicos de la zona y su
vinillo. Desde aquí partía un ferrocarril que descargaba
el mineral en el antiguo fondeadero de Agua Amarga.
Desde Lucainena parte una carretera que atraviesa la sierra de Alhamilla,
verdadero páramo en algunos tramos, intrincado sistema de
ramblas a los pies del pico Colativí (1387m) en otros. Acabaremos
descendiendo hasta el pueblo de Níjar, principal núcleo
de toda la comarca. Merece la pena dedicar una tarde a recorrer
las callejuelas árabes de este pueblo que fue refugio de
la población morisca tras la conquista del reino de Almería
(1498) y sobre todo tras la represión que siguió a
la revuelta morisca de 1568: una gran parte de la población
fue masacrada por tropas cristianas mientras esperaban en el antiguo
castillo del Peñón de Inox a poder embarcar y huir
hacia África. Sus calles, con cuidadas casas encaladas sobre
las que destacan geranios y gitanillas, invitan a perderse y acercarse
hasta el torreón, ruina del antiguo castillo, que domina
el pueblo y desde el que podemos seguir paseando por el sendero
que sube a Huebro, antiguo pueblo minero desde donde podremos contemplar
todo el sistema árabe de regadío que ha hecho del
valle de Níjar un exuberante oasis de limoneros, huertas
y palmeras que contrasta fuertemente con la aridez de sus alrededores.
Para finalizar el recorrido del interior podemos acercarnos al otro
gran enclave minero, Rodalquilar. Aquí podemos ver las enormes
minas de oro y plata abandonadas, que surtieron de mineral desde
los romanos hasta los ingleses, que fueron los últimos que
consiguieron sacar provecho de ellas y dejaron numerosas viviendas,
e incluso las antiguas oficinas de la compañía, con
la típica arquitectura inglesa, que contrasta enormemente
con todo el resto de edificaciones del Parque Natural, construidas
siguiendo el modelo árabe de vivienda. (Salvo alguna que
otra barbaridad arquitectónica especulativa a lo moderno
que habría que derribar ¡la dinamita existe!). El mineral
extraído se embarcaba en el pequeño puerto de Las
Negras, que se visitará en los paseos por la costa. Desde
Rodalquilar retornamos fácilmente a Agua Amarga, bien tomando
de nuevo la autovía o atajando por un camino de tierra que
parte del pueblo de Fernán Perez.
Las Rutas de la Costa:
acantilados, playas, calas, salinas... y el Faro.

Vamos a comentar señalar muy someramente un recorrido
que nos llevará a costear casi toda la extensión del
Parque dividiéndolo en varias etapas que se pueden enlazar
o realizar en parte, dependiendo de nuestro fuste caminero.
Desde San Miguel de Cabo de
Gata a San José.
* 7 km 3 horas de duración aprox.
Partimos
en este recorrido costero del pueblo de San Miguel de Cabo de Gata,
al que se llega muy fácilmente tomando la autovía
en dirección Almería desde Agua Amarga. Sólo
la larga playa, sobre todo al atardecer con la puesta de sol sobre
el mar, merece la pena, ya que la especulación urbanística
con la construcción de varios hoteles, le ha quitado el encanto
que antes tenía este pueblo pesquero. Un poco antes de llegar,
encontramos desviándonos unos 300m el centro de información
Las Almoladeras, con varias exposiciones sobre la geología,
la flora y la fauna del parque. Saliendo del pueblo nos dirigiremos
hacia Las Salinas, donde se puede pasear por algunos de sus diques
para llegar hasta un observatorio de pájaros. Junto a las
salinas se encuentra la fábrica de sal, todavía en
funcionamiento, y el Poblado de las Salinas, con su fantasmagórica
iglesia cuajada de leyendas, nos transporta a principios de siglo,
cuando los trabajadores que vivían allí eran casi
una propiedad de la empresa salinera. Continuamos el camino hacia
el Faro por una encrespada carretera que dobla el mismo Cabo de
Gata. Las vistas son impresionantes y una vez en el Faro podemos
asomarnos al Arrecife de las Sirenas, en el que destaca una chimenea
volcánica de lava que se alza desde el mar.
Si hemos llegado en vehículo podremos seguir un poco más
hasta el Cerro de la Vela Blanca, desde donde hay que seguir caminando
por una pista que bordea las estribaciones de la Sierra de Gata,
colgada sobre el mar. En apenas una hora empezaremos a descender
hasta la Cala de Monsul, una playa de fina arena rodeada de paredes
volcánicas y enormes dunas que la separan de la Playa de
los Genoveses a la que podemos llegar siguiendo la pista o bordeando
por la costa en un camino algo encrespado que atraviesa el Morrón
de los Genoveses. Esta tranquila bahía, rodeada de piteras
y chumberas, invita a un baño y al recuerdo del desembarco
de las tropas genovesas, lideradas por Alfonso VII en 1147 en una
expedición de castigo contra la población árabe
que dejó la comarca arrasada. Desde el extremo norte de la
playa parte un sendero que nos lleva, pasando delante de un antiguo
molino de viento rehabilitado, al pueblo de San José, con
sus playas y calas, muy desarrollado turísticamente, pero
que aún conserva cierto encanto. Podremos comer bien en las
tascas que hay junto al pequeño puerto agazapado a los pies
de un peñasco que esconde la Cala de La Higuera.
Desde S. José a Las Negras.
* 17 km 8 h aprox.
Desde
San José podemos retomar nuestro camino por un sendero costero
que pasa bajo la mirada del Cerro del Fraile, un doble picacho que
es la máxima altura del parque (493m) y cuya falda llega
hasta el mar. Dejando atrás el cerro avistamos el Castillo
de San Felipe, una de las muchas fortificaciones del siglo XVIII
que se edificaron para defender las costas de los reiterados ataques
de los piratas berberiscos, y un poco más adelante el acantilado
de Los Escullos, de caprichosas formas que se retuercen sobre el
mar. La ruta de la costa continúa, bien por la carretera
o bordeando la costa subiendo los cerros (Guardias, Los Lobos, La
Molata) y bajando a las calas (Los Toros, El Carnaje, La Polacra,
El Playazo). No se pueden dejar de visitar los pueblos de La Isleta
del Moro y Las Negras. Ambos conservan el sabor de pequeños
pueblos pesqueros de arquitectura popular, con sus lavaderos públicos,
y los fondeaderos donde se secan las redes de pesca y agradables
bares con vistas al mar donde podremos probar el pescaito frito.
El recorrido nos asombrará por el contraste entre la aridez
del paraje desértico y la exhuberancia de los enclaves húmedos,
localizados en pequeñas ramblas o en oasis naturales, con
un verde permanente que se destaca sobre toda la gama de ocres,
grises y amarillos del resto del paisaje.
Desde Las Negras a Agua Amarga.
* 12 km 8 horas aprox.
Seguimos de marcha por la costa desde Las Negras hasta Agua Amarga.
Si continuamos desde Las Negras, debemos tomar un sendero que nace
al pie del Cerro Negro y asciende hasta su cima para luego ir descendiendo
hasta la Cala San Pedro, a la que sólo se puede llegar andando
o en barco y que todavía actualmente mantiene alguna comuna
post-hippie, vestigio de los años sesenta. Tras refrescarnos
con un baño tenemos que continuar con un ascenso un poco
duro hasta las estribaciones de la Sierra de la Higuera para luego
bajar a la Cala del Plomo, en la que desemboca una rambla plagada
de vegetación y que esconde algunos cortijos muy bien conservados.
Continuando el sendero se llega hasta Cala de Enmedio, una de las
joyas del parque, en la que podemos elegir la playa de arena, las
explanadas de roca que se sumergen suavemente en el mar o el corte
abrupto de los acantilados de roca negra volcánica mezclados
con trazos de gris y amarillo provocados por los conglomerados sedimentarios
que se intercalaron entre las erupciones. Y todo ello convenientemente
labrado por los embates del mar. Un paseo final nos lleva en poco
tiempo hasta el pueblo de Agua Amarga, un pequeño pueblo
pesquero que se ha desarrollado mucho con el turismo pero consiguiendo
un buen equilibrio entre el entorno y las nuevas construcciones
que se han hecho respetando el modelo arquitectónico local.
Desde Agua Amarga a Carboneras.
* 8km 4 horas aprox.
Para
terminar de recorrer el Parque Natural debemos subir a la Mesa Roldán,
que domina el pueblo de Agua Amarga y desde allí bajar a
alguna de las calas escondidas (Cala Sorbas, Cala del Castillo)
o continuar hasta la Playa de los Muertos, de chinarro natural y
en la que las rocas dibujan un precioso paisaje. Podemos continuar
por la playa de Carboneras, y atravesar la espantosa central térmica
y la cementera para no dejar de visitar el pueblo de Carboneras,
puerto pesquero con buena oferta de tapas, castillo y antiguo ayuntamiento,
aunque su antiguo encanto se ve ahora muy mermado.
Y para terminar
Estas Rutas Costeras requieren dos o tres días para hacerlas
con un poco de serenidad. Se puede elegir entre la mucha oferta
y dejar algo para la próxima vez, o también optar
por hacer más recorrido en vehículo y limitarse a
alguno de los paseos (desde el Faro hasta la Playa de los Genoveses;
desde Las Negras hasta Cala San Pedro; o desde Agua Amarga hasta
Cala de Enmedio, todos aproximadamente de una hora -ida-). También,
y si disponemos de más tiempo, merece la pena visitar alguno
de los pueblos que se esconden en los valles de la Sierra de Gata:
Pozo de los Frailes, Boca de los Frailes, Hortichuelas, Presillas
Bajas...
Todas pueden hacerse también en bici de montaña. Recomendamos
llevar siempre agua y prismáticos. Deben respetarse los caminos
autorizados, no dejar colillas ni basura, no arrancar ninguna especie
vegetal. Se cobra una tasa especial para aquellos que vistan chaleco
multibolsillos y como es natural, la circulación de vehículos
4X4 está prohibida.
Bibliografía sucinta:
J Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. Guías
Verdes. Susaeta Ediciones.
J Andar por Cabo de Gata. Varios autores. Penthalon.
J Campos de Níjar. J. Goytisolo. De. Seix-Barral.
J Bodas de sangre. Federico García Lorca. Varias ediciones.
J Al sur de Granada. G. Brenan De. Siglo XXI.
N Mapa escala 1:50.000 P.N Cabo de Gata. Editado por la Junta de
Andalucía.
Texto
cedido por Alfonso Ormaetxea a sitographics.com
© Alfonso Ormaetxea
Fotografías de Luis Calvo Anguís
© sitographics.com
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