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Sevillanas
flamencas
Autores: Isidro Muñoz y José M. Évora
Me
voy a hacer unos zapatitos
del ala de mi sombrero,
muy finos y muy flamenquitos
que es muy flamenco mi zapatero.
Que resuenen mis pasitos,
que es muy flamenco mi zapatero.
Me voy a hacer unos zapatitos
del ala de mi sombrero.
No los he visto más bonitos
que mis zapatitos nuevos
que es muy flamenco mi zapatero.
Ya se van los marineros,
madrugaíta con pan de telera,
madrugaíta se van pa la mar,
ya se van los marineros.
Y el motor rompe el silencio,
madrugaíta se van pa la mar,
madrugaíta con pan de telera,
y el motor rompe el silencio.
Ay mi barrio marinero,
mi barrio, mi barrio.
Dame la mano, dame
súbete a mi barquilla,
flamenca dame la mano,
dame la mano, dame.
Dame la mano, dame,
y súbete a mi barquilla
que el vuelo de tus volantes
salpica mi chaquetilla.
Y el Guadalquivir
dicen que dijo,
si pudiera llegar
hasta el Rocío,
ay, mi río.
Pa qué me llamas,
prima,
pa qué me llamas,
si me crucifica que te mire,
si me crucifica tu mirada.
Si cuando me tienes te retienes
y eres como el vuelo de tu enagua
pa qué me llamas.
Pa qué me llamas,
prima,
pa qué me llamas,
si me crucifica, ay,
pa que me llamas
Enviado
por: Carlos Palladino
Camarón.
La Leyenda del Flamenco
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BALADILLA
DE LOS TRES RIOS
A Salvador Quintero
El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.
¡Ay, amor,
que se fue y no vino!
El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada
uno llanto y otro sangre.
¡Ay, amor,
que se fue por el aire!
Para los barcos de vela,
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.
¡Ay, amor,
que se fue y no vino!
Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.
¡Ay, amor,
que se fue por el aire!
¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!
¡Ay, amor,
que se fue y no vino!
Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.
¡Ay, amor,
que se fue por el aire!
Federico
García Lorca
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MI
NIÑA SE FUE A LA MAR
Mi niña se fue a la mar,
a contar olas y chinas,
pero se encontró, de pronto,
con el río de Sevilla.
Entre adelfas y campanas
cinco barcos se mecían,
con los remos en el agua
y las velas en la brisa.
¿Quién mira dentro la torre
enjaezada, de Sevilla?
Cinco voces contestaban
redondas como sortijas.
El cielo monta gallardo
al río, de orilla a orilla.
En el aire sonrosado,
cinco anillos se mecían.
FEDERICO
GARCÍA LORCA. Canciones.
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